Esta olla la empecé a pintar hoy…

mi maestro Eusebio me puso una muestra, y todo parecía razonablemente manejable.  Pero no.  El barro blanco queda muy pulido y no agarra muy bien la pintura, así es que es necesario repasar la línea y cargar bien el pincel para que se note. ( En la cerámica Paquimé toda la decoración pintada con minerales se aplica siempre ANTES de cocer la pieza).  Desistí porque al parecer hoy no andaba yo muy “inspirada” además de que ya empecé tarde y nos queríamos ir a pasear todo el grupo presente.  Nos fuimos en bola a Puerto Morelos, a un evento de trueque de alimentos “orgánicos”.  Compré trigo de las faldas del Popocatépetl (¿tú crees?), quesque orgánico…  Tengamos fe…  jajajaja…

Dejé la olla en el taller para no zarandearla mucho pues corre muchos riesgos al moverla de aquí para allá.

Esta pieza la levanté, con ayuda de mi querido maestro, hace más de un año y no he podido terminarla por diversas causas.  Tal vez es la olla que más ilusión me hace por ser de barro blanco, el más difícil de trabajar (es muy “ruin”, dice Eusebio) pero para mí el más bonito.  Al decir “ruin”, Eusebio se refiere a que el barro blanco no es “obediente” a los deseos del ceramista, fácilmente se resquebraja una vez seco, no “pega” sino que se reseca.  Es todo un reto, más si uno es poco experimentado…  pero ahí está esta ollita, ya diferenciada y de pie como una estatua…

El patriarca de Mata Ortiz Juan Quezada hace casi todas sus piezas con este tipo de barro.

Este barro blanco en particular es “importado” de Mata Ortiz, Chihuahua.

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