Aquí se notan las marcas de los dedos…

los cuales hacen un movimiento de  “pellizcar y juntar” para ir “subiendo” las paredes de la olla…  Como aquí ya pegamos un chorizo, tenemos barro disponible para construir la olla.  Debe de tener uniformidad en el grosor no sólo por estética sino porque si las paredes son desiguales la dilatación térmica también lo es, provocando tensiones que terminan por romper la pieza.  La parte interior de esta ollita la alisé con una espátula “hechiza”, redondeada y de material plástico, la cual me sirvió para homogeneizar la superficie de adentro de la olla.  Si tenemos acceso, el interior también se trabaja, pero a veces la pieza es tan esbelta que no cabe nuestra mano para ello.  Las marcas de los dedos sólo le añaden valor en el mercado del arte, pues así se demuestra que son realmente hechas a mano…

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